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18/12/2020: El desarrollo de la disciplina económica en Uruguay

 

--Verónica Amarante, Marisa Bucheli, María Inés Moraes, Mariella Torello

Recientemente ha resurgido entre investigadores de diversas disciplinas el interés por la historia de la Economía en el Uruguay. El conocimiento sobre cómo se ha desarrollado una cierta disciplina en el país, en este caso la Economía, nos ayuda a comprender cómo se van configurando y transformando los actores y corrientes de pensamiento dentro de ella, a visualizar la importancia que adquieren los distintos tópicos y cómo varía la agenda de investigación, cómo se relacionan los economistas uruguayos con los del resto del mundo, qué rol juegan las mujeres en las distintas etapas y también cómo se ven influidas las políticas públicas por todos estos aspectos. En este momento hay diversos trabajos de investigación en curso que abordan algunos de estos temas en relación con la disciplina económica en el Uruguay.[1] Se trata, por lo tanto, de un área de investigación muy rica y con muchas aristas. Un conjunto de investigadoras de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA) y de Facultad de Ciencias Sociales (FCS) estamos intentando abordarla, en el marco del Grupo de Estudios sobre la disciplina Economía. Las y los invitamos a consultar más información sobre este grupo de investigación. En los siguientes párrafos compartimos algunos de los avances de nuestro trabajo, esperando continuar haciéndolo en futuros artículos para este blog.

La revisión de fuentes locales primarias de información –de diversa calidad– así como de aportes previos sobre la temática (ver Garcé 2002, 2009a, 2009b, 2011), nos sugiere organizar la historia de la profesión en tres grandes etapas o períodos históricos. A lo largo de estos períodos analizamos tres dimensiones relevantes: la dimensión curricular, que hace al perfil académico de los economistas; la dimensión laboral, que refiere a los patrones de empleo predominantes en cada etapa, y el rol de los economistas en los debates públicos, que echa luz sobre su inserción en la sociedad local. Proponemos así una periodización a modo de hipótesis de trabajo, que pueda servir para identificar procesos y problemas relevantes en la historia de la Economía en el Uruguay.

El primer período o punto de partida, abarca desde 1954 a 1966: el inicio está marcado por el momento en que la Economía comienza a ser concebida, dentro del nuevo plan de estudios del momento, como una especialización dentro de la carrera de Contador Público de la Universidad de la República (UdelaR). Aunque la Economía existió en la universidad uruguaya desde el siglo XIX, los años entre 1954-1966 probablemente señalan el nacimiento de la profesión de economista tal como la concebimos hoy. Hasta 1966, solamente 23 de un total de 246 Contadores Públicos se especializaban en Economía –una cifra expresiva del carácter inicial de esta etapa en la historia de la profesión– y nada más que 4 de esos 23 eran mujeres (Cuadro 1). Con un Estado fuertemente intervencionista y en el auge de la planificación, los cuadros técnicos y específicamente los economistas eran requeridos en las agencias gubernamentales, aunque el tamaño del mercado de trabajo seguía siendo modesto. La experiencia, probablemente más resonante, referida a la relación entre los economistas uruguayos y el Estado tuvo lugar entre 1961 y 1967, cuando bajo la influencia técnica y programática de la CEPAL funcionó en Uruguay una comisión gubernamental encargada de proponer un plan decenal para el desarrollo del país, la famosa Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE). La experiencia tuvo cierto carácter fundacional para la profesión y se estableció una suerte de consenso implícito respecto de que la misión de un economista consistía en estudiar los problemas del país para contribuir a resolverlos. Los economistas ingresaban a la arena del debate público con un rol relevante.

Cuadro 1. Tres períodos en el desarrollo de la profesión de economista

 

Un punto de partida

Disputas identitarias

La expansión y los economistas globales

Período

1954-1966

1967-1990

1991-2017

Número de graduados

23

397

2551

Número de graduados por año

4

17

69

Participación de las mujeres entre los graduados

17%

22%

49%

Fuentes: basado en registros de la Udelar y Anuarios Estadísticos del MEC

El segundo período, que abarca desde 1967 a 1990, se caracteriza por la presencia de lo que podríamos llamar disputas identitarias en la concepción del rol de los economistas. Se trata de un período extenso que comparte con la región la inestabilidad económica y la radicalización política, que alcanzaron a la práctica profesional de la economía: al comienzo del período, algunos economistas de izquierda se volcaron a una concepción de su actividad técnica como una actividad intrínseca y abiertamente política (Jung, 2018; Messina, 2018). Entre ellos, un grupo muy dinámico de economistas de la Universidad de la República, ubicado en el Instituto de Economía (IECON) de la FCEA fue la expresión local más importante de ese capítulo de la historia de la profesión, que tuvo su apogeo entre 1968 y 1973. En este año, el golpe de Estado instaló una dictadura militar que clausuró el ciclo de radicalización política, intervino la Universidad de la República y expulsó de la actividad académica a los docentes afines a la izquierda.

Hubo dos reformas curriculares (1977, 1980) que resultaron en una menor duración de la carrera, buscando desarrollar un perfil profesional de inspiración americana. A partir de la década de 1980 se estableció un flujo, numéricamente modesto, de economistas uruguayos que viajaban a formarse como doctores en Estados Unidos. Pero también centros privados de investigación relacionados a la red CLACSO empezaron a apoyar a jóvenes economistas uruguayos para que se incorporasen a programas de posgrado en diversos países de la región y europeos, de modo que la impronta americana no fue la única que conocieron los economistas uruguayos del período (Biglaiser, 2002).

Con el retorno de la democracia en 1985, emergió una creciente tensión entre dos visiones de la identidad profesional: quienes apoyaban la convergencia con unos estándares y prácticas profesionales crecientemente consensuados por las comunidades de economistas fundamentalmente anglosajonas y extendidos a cada vez más universidades, y quienes defendían la legitimidad y la pertinencia de criterios locales y eventualmente latinoamericanos, en la validación de las orientaciones, estilos y resultados del trabajo académico. Este clivaje no era el único: en el conflicto se expresaron también diferencias generacionales, ideológicas y políticas. La reforma curricular de 1990 expresa de algún modo una tensión no resuelta entre modelos formativos. El nuevo plan de estudios aumentó considerablemente la cantidad de materias, extendió a 5 años la formación de grado y su propuesta de perfil del egresado parecía conciliar componentes de los dos modelos en disputa: restituyó la enseñanza de disciplinas de las ciencias sociales, amplió la cantidad de materias disciplinares y fortaleció la formación matemática, estadística y econométrica.

La cantidad de egresados experimentó importantes fluctuaciones a lo largo de un período tan extenso, pero en conjunto mostró un crecimiento importante: durante todo el período egresó un promedio de 17 economistas por año. Aunque unas cuantas economistas uruguayas cumplieron carreras exitosas en este período, la profesión seguía siendo eminentemente masculina: egresaba una mujer cada 4 varones, y los cargos públicos más altos relacionados con la profesión estuvieron siempre ocupados por varones.

El tercer período, que abarca desde 1991 hasta la actualidad, se caracteriza por la expansión en la cantidad de egresados, y la consolidación de lo que Fourcade (2006) ha dado en llamar el modelo del “economista global”. En el plano académico, ese economista se caracteriza por la universalidad de su agenda, sus herramientas de análisis y sus criterios de validación de las prácticas profesionales, que, de alguna manera, intentan aproximarse a las herramientas y las prácticas de los departamentos de Economía de las universidades americanas, más allá de las heterogeneidades que sin duda prevalecen en los distintos modelos locales.

En este período hubo cambios muy relevantes en el plano curricular, que contribuyeron a la consolidación de ese modelo de economista global. A partir de 1995 las universidades privadas comenzaron a formar economistas, con programas de menor duración y más orientados por los criterios prevalecientes en las universidades americanas. En los últimos cinco años con información disponible, sus egresos representan 26% del total de egresos de economistas en el país.

En 2012, el plan de estudios de FCEA sufre una transformación de envergadura: estilizó el currículo, redujo la cantidad de años de estudio, y eliminó el requisito de elaboración de una monografía final. En este período hubo una explosión en la graduación, que supera el crecimiento experimentado por el total de egresados universitarios, así como el de los egresos de varias carreras (como las ingenierías).

Adicionalmente, durante todo el período se fueron desarrollando las ofertas de posgrado en el país, a partir del inicio en 1991 del programa de Maestría en Economía en la FCS, al que años más tarde se sumó el programa de Maestría en la FCEA y luego el de doctorado en la FCS, así como los programas de maestría en Economía de las universidades privadas, conformando un amplio abanico de oferta para el tamaño del país. Una novedad muy interesante es el incremento en la participación femenina entre los economistas graduados: las mujeres representan actualmente casi la mitad de los graduados en Economía en FCEA UdelaR (ver http://fcea.edu.uy/datos-estudios-disciplina-eco.html).[2]

El mercado de trabajo se diversificó y complejizó. En concordancia con la creciente visibilidad pública que a escala global ganó la Economía como campo del conocimiento, durante las últimas décadas surgió un abanico de perfiles profesionales diferenciados: los servicios gerenciales o de consultoría en el sector privado, los funcionarios y asesores en ministerios, agencias gubernamentales y organismos internacionales y los perfiles académicos especializados en la investigación y la educación superior. Como en todo el mundo, no sólo los periódicos, sino los medios en general recurren a economistas especializados para la comunicación y difusión de conceptos económicos para el público masivo.

En síntesis, la Economía tal como la reconocemos actualmente en Uruguay cobró forma al cabo de diversas transformaciones ocurridas desde los años de la postguerra hasta el presente. Lejos de ser el resultado de un proceso de evolución lineal, su configuración actual es el fruto de la interacción –diferente en cada etapa– de actores, instituciones e ideas, tanto locales como internacionales. La periodización presentada en este texto es apenas una imagen estilizada de ese proceso; los trabajos en curso seguramente enriquecerán y eventualmente contradirán esta cronología. Los estudios sobre la Economía en nuestro país tienen carácter inicial y constituyen un campo en desarrollo. La agenda está abierta y lejos de ser agotada.

 


[1] Están en marcha distintos estudios que serán publicados en un libro sobre los 70 años del Instituto de Economía. Lucas D´Avenia y María Eugenia Jung escriben sobre los inicios de la carrera de economista, Pablo Messina estudia el auge de la teoría de la dependencia entre los economistas uruguayos de los años 60, Gabriel Bucheli estudia la investigación en economía durante la dictadura y la apertura democrática, Mauricio Bruno analiza los cambios de la investigación en economía durante la década de 1990, Luis Cáceres se enfoca en la agenda de investigación económica de las últimas tres décadas, Adolfo Garcé estudia el papel de los economistas en el gobierno desde 1970 en adelante, Alma Espino y Paola Azar historian el papel de los temas de género en la enseñanza y la investigación en FCEA, Aldo Marchesi estudia la influencia de los economistas en la discusión pública.

[2]Un análisis más detallado de estos aspectos se está llevando a cabo en el marco del proyecto Mujeres y hombres en Economía: motivaciones y opiniones, financiado por CSIC (I+D).